“Una implicación más de la calidad es que tenemos que aprender a criticar y a hacer sugerencias, a abrirnos a las críticas de los demás y a intentar poner en práctica las ideas de otros.
Otra implicación de la calidad es que nos enriqueceremos más cuanto más entendamos que somos diferentes unos de otros y respetemos y aprovechemos estas diferencias.
El consenso es requisito de un movimiento hacia la calidad: tenemos que estar todos de acuerdo en que lo que nos proponemos hacer es bueno y posible.
No estamos verdaderamente buscando la calidad si no nos preocupamos todos los días, desde nuestro quehacer docente, por ofrecer aprendizajes relevantes a nuestros alumnos. Así se traduce, para el caso del trabajo en el aula, tener como referencia a nuestros beneficiarios.
Tampoco estamos obteniendo calidad verdadera si no nos preocupamos en forma continua y cotidiana por la justicia, que significa dar más a los que tienen menos. Nuestra meta debe ser que ningún alumno aprenda por debajo de lo que nos hemos trazado como objetivos.
Una actitud fundamental, que un movimiento hacia la mejor calidad educativa nos exige, es la de creer en nuestros alumnos. En general, ellos nos darán la razón.
Tenemos la obligación de compartir y de difundir nuestros logros y nuestra forma de alcanzarlos con nuestros colegas de otras escuelas y con las autoridades educativas. Sólo así, desde la base, podrá irse extendiendo un movimiento hacia una mejor calidad de nuestras escuelas.” (Schmelkes, 1995, 117-126).
Esto es cierto a la hora de trabajar en equipo, un ejemplo de esto es con el trabajo de la “carpeta”, ya que los integrantes de cada equipo deben de adecuar sus intereses y estar dispuestos a colaborar para llegar a un mejor resultado. Hay que decir que es difícil llegar rápidamente a formar un buen equipo de trabajo, por lo que este proceso es largo y necesita de la cooperación de sus integrantes. Al poner en marcha el objetivo acordado se debe de tomar en cuenta a los alumnos y poco a poco ir mejorando la calidad de la educación en estos, como lo acabamos de analizar recientemente en clase, que para mejorar a la educación no hay que hacer el proceso en forma de cascada como lo hace el sistema, sino empezar desde abajo, desde los alumnos para lograr que este mejoramiento se dé en forma adecuada.
Schmelkes, Sylvia, (1995). Algunas implicaciones de la calidad, en Hacia una mejor calidad de nuestras escuelas (pp. 117-126), México, D. F. Secretaría de Educación Pública.